Emociones sobre la pandemia: frustración, desánimo, hartazgo

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Emociones sobre la pandemia: frustración, desánimo, hartazgo

Los meses que han pasado nos «pasan factura» y nos cuesta aceptar algunas emociones relacionadas con la pandemia del COVID-19. Intentamos explorar que puede haber detrás de nuestro sentir antes de plantear alternativas.

Frustración

En la Era del individualismo y la superación personal, cuando muchos creían que “cada uno es dueño de su destino”, la imposibilidad de modificar la situación actual mediante las iniciativas personales puede representar un sismo.

Más allá de la esfera individual, la frustración también procede de ver el accionar errante de las instituciones y los políticos, constatar cómo cada error e improvisación inciden negativamente en la economía y la salud pública.

Cuando creíamos que, en caso de pandemia, las grandes organizaciones, como la OMS o la UE, marcarían las directrices a seguir, pequeñas y mezquinas fracciones de cada territorio parecen actuar en su propio interés. Así, politizan la situación y ganan rédito político con la pandemia.

«Es lo que hay», la resignación intenta acabar con la frustración y buscamos sofocar nuestra reactividad mediante la aceptación de la situación.

Desánimo

Cuando una mala situación se perpetúa en el tiempo y no tiende a mejorar, concebir los efectos negativos como irremediables e inexorables, desactiva las iniciativas de cambio.

Aún sin llegar a esos extremos, la tristeza, la apatía, y la falta de esperanza, también nos insta a la inacción. Bajo la creencia de que «no vale la pena intentar cambiar algo que no depende de nosotros», acostarnos a ver la pandemia pasar, parece lo más lógico.

Sin embargo, la forma en la que concebimos esta realidad, sí que podemos moldearla. Podemos ponerle coto y límites al desánimo. La tristeza tiende a reproducirse en cada pensamiento y hasta en cada canción que escogemos. El primer paso es frenar su avance y reproducción; el segundo, contrarrestarla creando momentos de sentirnos bien.

Hartazgo

Luego de más de medio año, la travesía de sobrevivir a la crisis del COVID-19 se está haciendo muy larga.

La realidad de los titulares, su contabilidad de casos nuevos detectados, muertos y zonas de riesgo, acaba resultando hartante.

Estamos saturados de información, tanto que muchas veces preferimos prescindir de ella.

En el peor de los casos, el hartazgo ha dado lugar al rechazo. Mucha gente no quiere tomar medidas contra el COVID-19 o las toma a regañadientes. Llevan una mascarilla desgastada y mugrienta o la utilizan de brazalete. Explotan ante cada nueva medida o, sencillamente, se niegan a dedicarle un segundo a hablar del tema.

Los meses enteros en los que diariamente nos empapábamos de titulares han dado lugar a esta sensación de hastío y indiferencia. «Si, total, da igual». La sobreexposición es la madre de esta actitud defensiva que esconde el riesgo de acabar en un desapego total hacia el entorno.

Listado de antídotos (que no son tales)

Seis alternativas, bocanadas de aire, para de contrarrestar la frustración, el desánimo y el hartazgo.

  1. Limita el acceso a la información pero, sobre todo, estudia tu modo de reaccionar ante ella. Las conclusiones que saques son relevantes porque pueden aumentar tu sensación de frustración, desánimo y hartazgo y desaprovechar posibilidades. Para quienes ven estas actitudes en los otros como un atentado contra la salud pública, un poco de comprensión y empatía puede mejorar la imagen que tenemos de ellos.
  2. Acepta estas emociones «solo por hoy». Deja que estas emociones vengan sin ofrecer resistencia. Permite que te suceda. Procura entenderlas como consecuencias lógicas de un proceso emocional y cognitivo. La aceptación no implica que no debas emprender acciones para invertir la tendencia.
  3. Un día a la vez. Vive el domingo sin pensar en el lunes. Hoy pudo ser un día donde estas tres emociones dominaran tu día, mañana puede ser un poco mejor. Día a día, hora a hora, momento a momento. Ello te permitirá valorar positivamente los momentos mejores y celebrarlos.
  4. Busca pequeños placeres. Una cena deliciosa, dos canciones que te hacían bailar, una película divertida. Procura romper con la dictadura del «todo va mal», para construir un momento en el día en el cual mimarte. Aún en esta situación, hay cosas que te gustan. Explóralas diariamente.
  5. Evita la inactividad y el aislamiento. Activar tu cuerpo y contactar con otros, son dos acciones que pueden requerir iniciativa y, sin embargo, ser gratificantes. A nivel orgánico el ejercicio moderado puede ayudarte emocionalmente. Mientras que compartir con gente que significa mucho en tu vida, puede darle otro sentido a tu día.
  6. Plantéate metas realistas y cercanas que dependan de ti. Pequeños proyectos posibles que estén en tus manos. Ello puede reinstaurar la sensación de dominio y confort sobre tu vida.

Tal como hemos comentado en el anterior artículo, es crucial despatologizar tus reacciones como una manera de proporcionar más calma, serenidad y comprensión a tu vivencia actual.

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