Tolerando la incertidumbre

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Tolerando la incertidumbre

La situación actual plantea un enorme reto, pero no siempre resulta fácil verlo de esta manera. ¿Qué hacer cuando la incertidumbre nos corroe por dentro?

Situaciones adversas en las cuales no podemos prever los acontecimientos venideros, ni siquiera a corto plazo, suelen desencadenar estrés. En algunos casos, además, aparecen síntomas ansiosos y/o depresivos: insomnio, irritabilidad, tristeza, apatía, etc. Estamos hablando de síntomas, pero no necesariamente de trastornos ni de enfermedades.

Relacionada con esas respuestas, encontramos nuestra tolerancia a la incertidumbre. Una tolerancia que no se produce en el vacío y sobre la que no teorizaremos sin valorar cuidadosamente la situación individual y su entorno. Sólo aclarar que elementos como una preocupación extrema, una imaginación catastrofista y los pensamientos involuntarios y repetitivos delatan una baja tolerancia a la suspensión de lo seguro.

Asombrosamente, algunas personas reaccionan de esta forma con independencia de la situación y de las posibilidades reales de ocurrencia. Cuando tu forma de reaccionar ante la incertidumbre suele ser preocuparte continuamente, pensar en lo peor y no parar de darle vueltas al asunto, entonces tal vez convendría que consideraras consultar a un psicólogo.

¿Cómo contrarrestar una escasa tolerancia a la incertidumbre?

No esperes al final de tu vida para reconocer el increíble itinerario que has realizado y tus habilidades personales

Cómo suele ocurrir con las cosas importantes de la vida, ni hay recetas mágicas ni fórmulas infalibles. Imponernos una solución sin reconocer la situación actual, sólo por evitar sentirnos mal, difícilmente resulte inocuo. Por lo que esta vez debemos hacer un esfuerzo: no neguemos ni evitemos las situaciones en las que estamos inmersos. Aprendamos, eso sí, a relativizar nuestras concepciones. Pocas cosas son tan nefastas cómo para que no puedas aprender algo positivo de ellas.

El segundo objetivo a considerar es estar atentos a dejarnos arrastrar por la impulsividad, no se trata de huir e inyectarnos dosis de positivismo y pintarnos una sonrisa en la cara sino, más bien, de aumentar la consciencia y la reflexión.

Los pensamientos intrusivos y repetitivos pueden asustarnos y, aún así, aceptarlos y escucharlos suele ser necesario. Son una alarma a la que atender antes de intentar ponerle un coto. Pero como toda alarma, es importante, a efectos prácticos, ver la situación como un reto y reanudar la marcha en algún punto.

Como tercer objetivo a considerar, especialmente cuando estemos estancados en la ansiedad, el miedo o la tristeza, tomar pequeñas acciones muy concretas y resolutivas que nos ayuden en el día a día.

Y, por último, confía en tus valores. Para atravesar la tormenta, confía en toda la experiencia y la sabiduría que has acumulado y en tu capacidad de aprender cosas nuevas. Confía en que, sea lo que sea, tendrás las herramientas y los conocimientos para llegar a buen puerto. No esperes al final de tu vida para reconocer el increíble itinerario que has realizado y tus habilidades personales. Hoy puede ser más útil que nunca empezar por ese autohomenaje.

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