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Cuerpo

Reflexiones sobre la vejez

La vejez, un espejo de la pubertad, nos invita a un viaje de transformaciones físicas y emocionales bajo la guía de la autoconsciencia. En este camino, el amor propio y la aceptación con los que enfrentemos los cambios inevitables, nos permitirán prescindir de los imperativos y los estándares de belleza. Es crucial cultivar una visión positiva de la vejez, una etapa llena de oportunidades y desafíos, para vivir nuestros años dorados con serenidad y aceptación

A menudo, la vejez es vista como una etapa de declive, cuya aproximación puede asustar e inquietar profundamente, hasta el punto de creer que no disponemos de herramientas para enfrentarla. Sin embargo, si realizáramos un ejercicio de memoria, reconoceríamos el proceso de envejecer por su similitud con el tránsito por la adolescencia, especialmente la pubertad. Vejez y pubertad están marcadas por cambios físicos significativos y una incertidumbre considerable.

Anticipación y previsión de la vejez 

A medida que avanzamos en la vida, tendemos a dedicar más esfuerzos intelectuales a anticipar lo que ocurrirá en la vejez. De esta manera, nos proyectamos temporalmente, alejándonos del aquí y del ahora, alimentando nuestras fantasías, sedientos de certezas. Al igual que en la pubertad, nos enfrentamos a cambios físicos, como la menopausia o la impotencia, pero, afortunadamente, y a diferencia de entonces, este proceso es más gradual y somos más conscientes de lo que está sucediendo. Nuestra autoconsciencia es una ventaja clave porque nos permite entender nuestras cogniciones y reacciones emocionales, siendo capaces de reformular lo que pensamos. Gracias a la autoconsciencia, podemos prepararnos para envejecer sin caer en la ansiedad anticipatoria.

Aceptación y adaptación a los cambios físicos

La aceptación de los cambios físicos es un proceso fundamental en el desarrollo personal. A medida que avanzamos hacia la adultez plena, tanto el cuerpo como la mente experimentan transformaciones; incluso puede variar la energía que proyectamos.

Al igual que en la pubertad, cuando las preocupaciones oscilaban entre cuán altos seríamos, qué nariz tendríamos o el tamaño de nuestras partes corporales, el cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada.

Durante la adolescencia, disponemos de tiempo para aprender a aceptar y superar las resistencias a los cambios. Este aprendizaje es crucial, y el paralelismo con la etapa adulta resulta válido.

El cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada

Sin embargo, la capacidad de aceptar los cambios físicos como la alopecia y las arrugas puede ser muy limitada, especialmente debido a la influencia negativa del entorno social, incluyendo los medios de comunicación y las redes sociales, que añaden una presión innecesaria.

Intentar prevenir los signos de envejecimiento recurriendo a la cosmética o la cirugía puede interpretarse como un acto de autocuidado. No obstante, debemos profundizar en nuestro análisis: si este comportamiento esconde sentimientos de vergüenza y rechazo hacia nuestra apariencia, nuestra autoestima puede verse seriamente afectada.

Es esencial abordar estos cambios con una actitud de autoaceptación y comprensión, para mantener una salud mental equilibrada y una percepción positiva de nosotros mismos.

Manejo de la angustia por envejecer

La mirada de los otros nos produce vergüenza y nos acercamos al espejo con una mezcla de miedo, incertidumbre y preocupación. Algunas situaciones sociales nos generan angustia y podemos llegar a huir desesperados, todo lo cual nos hace tender al aislamiento.

Lo que es realmente preocupante es que nuestra incapacidad para aceptar estos cambios pueda llevarnos a vivir los signos de la vejez con verdadero padecimiento. Esto nos genera sentimientos de tristeza, apatía y conductas evitativas, un cuadro similar al que experimentan muchos adolescentes. En aquel momento, el duelo por la niñez oscurecía algunos días -o varios años-. Hoy, el duelo por nuestra adultez puede hacer que la aproximación a la tercera edad se viva como una condena. ¿A qué edad podemos decir que empezamos nuestra tercera edad? ¿Es «viejo» un adjetivo vetado en nuestro vocabulario? ¿Nos consideramos jóvenes por siempre? Nuestra capacidad de aceptar, afrontar y comprender estos procesos puede ayudarnos a mitigar estos sentimientos de vergüenza y rechazo, y a limitar el ascenso de la ansiedad. Es esencial promover una perspectiva positiva sobre el envejecimiento, reconociendo las oportunidades que esta etapa de la vida puede ofrecer, sin ignorar los desafíos que también puede presentar. Hagamos posible vivir nuestra vejez con más tranquilidad.

Las etapas de la vida son distintas. Sin embargo, al igual que la adolescencia, la vejez también nos interpela e insta a construirnos y reformarnos. Nos invita a aceptarnos y acompañarnos en un camino de vital importancia.

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