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Mi pareja en las redes

Hablar sobre la «visibilidad de la relación» se ha vuelto fundamental en nuestra era digital. Este término, que se utiliza para describir hasta qué punto hacemos públicas nuestras relaciones en las redes sociales, es relevante para comprender cómo las parejas navegan en estos espacios virtuales. Un estudio reciente en el Personality and Social Psychology Bulletin sugiere que aquellas parejas que publican en exceso podrían estar escondiendo inseguridades

Necesidad de proteger nuestra privacidad e intimidad

Pillar el móvil puede significar abandonar la escena que estamos construyendo para irse a buscar la validación externa

Calidad del tiempo juntos vs. redes sociales

Exposición e incomodidad con la visibilidad de la relación

El postureo en las redes sociales

Bienestar y dignidad

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Reflexiones sobre la vejez

La vejez, un espejo de la pubertad, nos invita a un viaje de transformaciones físicas y emocionales bajo la guía de la autoconsciencia. En este camino, el amor propio y la aceptación con los que enfrentemos los cambios inevitables, nos permitirán prescindir de los imperativos y los estándares de belleza. Es crucial cultivar una visión positiva de la vejez, una etapa llena de oportunidades y desafíos, para vivir nuestros años dorados con serenidad y aceptación

A menudo, la vejez es vista como una etapa de declive, cuya aproximación puede asustar e inquietar profundamente, hasta el punto de creer que no disponemos de herramientas para enfrentarla. Sin embargo, si realizáramos un ejercicio de memoria, reconoceríamos el proceso de envejecer por su similitud con el tránsito por la adolescencia, especialmente la pubertad. Vejez y pubertad están marcadas por cambios físicos significativos y una incertidumbre considerable.

Anticipación y previsión de la vejez 

A medida que avanzamos en la vida, tendemos a dedicar más esfuerzos intelectuales a anticipar lo que ocurrirá en la vejez. De esta manera, nos proyectamos temporalmente, alejándonos del aquí y del ahora, alimentando nuestras fantasías, sedientos de certezas. Al igual que en la pubertad, nos enfrentamos a cambios físicos, como la menopausia o la impotencia, pero, afortunadamente, y a diferencia de entonces, este proceso es más gradual y somos más conscientes de lo que está sucediendo. Nuestra autoconsciencia es una ventaja clave porque nos permite entender nuestras cogniciones y reacciones emocionales, siendo capaces de reformular lo que pensamos. Gracias a la autoconsciencia, podemos prepararnos para envejecer sin caer en la ansiedad anticipatoria.

Aceptación y adaptación a los cambios físicos

La aceptación de los cambios físicos es un proceso fundamental en el desarrollo personal. A medida que avanzamos hacia la adultez plena, tanto el cuerpo como la mente experimentan transformaciones; incluso puede variar la energía que proyectamos.

Al igual que en la pubertad, cuando las preocupaciones oscilaban entre cuán altos seríamos, qué nariz tendríamos o el tamaño de nuestras partes corporales, el cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada.

Durante la adolescencia, disponemos de tiempo para aprender a aceptar y superar las resistencias a los cambios. Este aprendizaje es crucial, y el paralelismo con la etapa adulta resulta válido.

El cuerpo puede volver a ser objeto constante de nuestra mirada

Sin embargo, la capacidad de aceptar los cambios físicos como la alopecia y las arrugas puede ser muy limitada, especialmente debido a la influencia negativa del entorno social, incluyendo los medios de comunicación y las redes sociales, que añaden una presión innecesaria.

Intentar prevenir los signos de envejecimiento recurriendo a la cosmética o la cirugía puede interpretarse como un acto de autocuidado. No obstante, debemos profundizar en nuestro análisis: si este comportamiento esconde sentimientos de vergüenza y rechazo hacia nuestra apariencia, nuestra autoestima puede verse seriamente afectada.

Es esencial abordar estos cambios con una actitud de autoaceptación y comprensión, para mantener una salud mental equilibrada y una percepción positiva de nosotros mismos.

Manejo de la angustia por envejecer

La mirada de los otros nos produce vergüenza y nos acercamos al espejo con una mezcla de miedo, incertidumbre y preocupación. Algunas situaciones sociales nos generan angustia y podemos llegar a huir desesperados, todo lo cual nos hace tender al aislamiento.

Lo que es realmente preocupante es que nuestra incapacidad para aceptar estos cambios pueda llevarnos a vivir los signos de la vejez con verdadero padecimiento. Esto nos genera sentimientos de tristeza, apatía y conductas evitativas, un cuadro similar al que experimentan muchos adolescentes. En aquel momento, el duelo por la niñez oscurecía algunos días -o varios años-. Hoy, el duelo por nuestra adultez puede hacer que la aproximación a la tercera edad se viva como una condena. ¿A qué edad podemos decir que empezamos nuestra tercera edad? ¿Es «viejo» un adjetivo vetado en nuestro vocabulario? ¿Nos consideramos jóvenes por siempre? Nuestra capacidad de aceptar, afrontar y comprender estos procesos puede ayudarnos a mitigar estos sentimientos de vergüenza y rechazo, y a limitar el ascenso de la ansiedad. Es esencial promover una perspectiva positiva sobre el envejecimiento, reconociendo las oportunidades que esta etapa de la vida puede ofrecer, sin ignorar los desafíos que también puede presentar. Hagamos posible vivir nuestra vejez con más tranquilidad.

Las etapas de la vida son distintas. Sin embargo, al igual que la adolescencia, la vejez también nos interpela e insta a construirnos y reformarnos. Nos invita a aceptarnos y acompañarnos en un camino de vital importancia.

Emociones

Desmitificando y entendiendo al narcisismo

Son muchos los medios de (des)información y redes sociales que banalizan y satanizan los comportamientos narcisistas. Sin embargo, desde los rasgos narcisistas hasta el extremo psicopático hay un continuo extenso y diverso. Conozcamos la trascendencia del Yo ideal, de las emociones y del estatus como claves para abordar el funcionamiento y reformular las reacciones narcisistas

El peligro de la desinformación al hablar de narcisismo

Ampliando nuestro conocimiento

Cuando debe bajar al Yo real, lo hace desde la resistencia y el riesgo a la conflictividad interna

Entendiendo un funcionamiento frecuente narcisista

Refugios donde sanar

Familia

La dependencia tecnológica en mis hijos

La Era Digital está generando cambios en el ocio, la salud y la educación, entre otros. Asistimos a una transformación social tras una pantalla, en la que influencers, Apps y dispositivos requieren una respuesta adaptada a cada unidad familiar

Abordando la dependencia tecnológica

Mente

«Ir de sobrado», «ir de víctima»: cuestión de actitud

La actitud victimista/presumida nace de una perspectiva carente de equilibrio frente a los acontecimientos vitales. Ambas son caras de una misma moneda: la negación

El equilibrio: un reajuste constante




«La búsqueda de este equilibrio es un desafío constante que requiere introspección y honestidad con uno mismo»


Emociones

COVID-19: «Dejé de reaccionar desde el miedo»

Un testimonio del viaje que supone sobrevivir a esta pandemia de COVID-19 nos señala la importancia de los posicionamientos individuales

Me pasé toda la primera ola repitíéndome como un mantra «todo saldrá bien» y poco a poco fui entendiendo que estaba consumiendo y reproduciendo un mensaje que no era honesto, que no era acorde con mi sentir. Eso y el «saldremos mejores» me produjo una enorme frustración. Al final, estaba harta. 

A mi alrededor tenía que convivir con muchas actitudes que me parecían inconscientes, con descuidos, negligencias, incoherencias hacia el COVID, me irritaban de suma manera, ¿Tan difícil es ponerse correctamente una mascarilla? ¿Es necesario violar el toque de queda sólo por «pasarlo bien»?

Además de la pluralidad de comportamientos que vemos en nuestro entorno, hay una pluralidad de criterios científicos sobre el COVID (mascarilla sí, mascarilla no) que acaban creando confusión. Pareciera que los encargados de velar por la seguridad no tienen claro qué es seguro y veo demasiados golpes de efecto y de timón como para generar confianza. Al hartazgo por la situación se le sumaba ahora una desconfianza hacia las medidas y recursos planteados desde arriba.

Todo esto sin contar con la banda de los negacionistas. Yo entiendo que hay que convivir con ellos y respetar las opiniones divergentes, pero me cuesta horrores, porque lo único que oigo es una parida tras otra.  Se hace difícil actuar responsablemente porque ya no sabemos qué significa. Así que pareciera que cada uno hace su santa voluntad.

La miré en silencio. -¿Has decidido hacer algo al respecto?-. 

-Sí, dejar de reaccionar desde el miedo-. Había llegado su hora de elegir conscientemente cómo responder ante cada cifra y variante.

Es evidente que hoy la pandemia plantea un posicionamiento individual. Son muchos los que están cuestionando su vinculación con los medios de comunicación y las redes sociales, ante los fenómenos de sobre información, manipulación informativa y desinformación que perciben.

«Lamentablemente estar harta no es suficiente para que acabe esta vivencia»

Lamentablemente estar harta no es suficiente para que acabe esta vivencia. Cada vez queda más claro que las (re)soluciones simplistas no pueden considerarse viables y que el fin de la pandemia no depende únicamente de un elemento, así que, mientras tanto, nos toca convivir con este virus.

-Yo he llegado a pensar que, tarde o temprano, todos vamos a infectarnos. Así que me parece que es lógico que cada uno tome sus propias decisiones partiendo del hecho de que infectarse puede escapar de nuestro control.

Probablemente, esta no es la primera vez que debemos medir riesgos responsablemente y tomar decisiones sobre nuestra salud.

Emociones

Tratamiento del duelo y de la pérdida

La necesidad de disminuir el dolor que sucede a una pérdida se transforma en una exigencia frecuente en el consultorio, aun cuando lo perdido forma parte de la identidad del usuario. ¿Qué alternativas hay cuando «dejar atrás» no es una primera opción? ¿Qué podemos ofrecer cuando «dejar de sufrir» no es posible?  

El periplo del duelo hacia la aceptación de la pérdida que señaló en su día Kubler Ross, ha servido de guía profesional para la intervención terapéutica. Sin embargo, desde la terapia narrativa, Michael White ha criticado que, en la práctica, el tratamiento del duelo se haya hecho con el objetivo de «superar» la pérdida, dejándola detrás. Aun cuando pueda resultar contracultural, White considera que honrar al vínculo que cada usuario tenía con la persona ausente, ha obtenido muy buenos resultados. Especialmente cuando «el objeto» perdido formaba parte de la identidad del usuario. En esos casos, ese «dejar atrás» a la persona ausente, se podría percibir como una renuncia de una parte de la propia identidad. 

Sin embargo, si hay algo que acerca a los usuarios a las consultas psicológicas, es el dolor emocional que prosigue al momento de la pérdida. Ese dolor emocional punzante, en muchos casos, puede mutar como ira, decepción o tristeza, pero que no lo abandona ni un día. 

El consultorio como un cuartel de bomberos

Querer desprenderse de esos sentimientos, aún antes de querer desprenderse de la persona o relación perdida, es el motivo de consulta estrella. En ese momento, la llamada al profesional parece un poco un teléfono del cuartel de bomberos, cuando escuchamos algo como: «apague este fuego y luego hablamos».  

En la relación terapéutica puede llegar a ser duro para ambos, usuario y terapeuta, tener que darnos cuenta y enfrentar el hecho de que las cosas no funcionan así. No siempre es posible librarse del dolor emocional que prosigue a la pérdida y, el acompañamiento al duelo, es un trabajo modesto. Aun así, es un trabajo minucioso pero que puede llegar a enriquecer a ambas partes.  

«Si no voy a sentirme mejor, ¿para qué voy a venir?»

«Pero si no voy a sentirme mejor, ¿para qué voy a venir?». El pragmatismo reduccionista de quien vive un duelo tiende a la búsqueda de la mejoría inmediata. Es la expectativa de arribar a una solución mágica instantánea. En esos momentos pareciera que la expectativa del doliente es tan alta como irreal y tan persistente, como el dolor emocional que tiene forma de esa ausencia. 

La invitación a aceptar y respetar la vivencia de duelo aparece en la sesión como un siniestro en el consultorio. ¿Aceptarlo para qué? Acabar la guerra abierta con la pérdida y respetar esos momentos amargos, furiosos y frustrantes sobre los que no queremos oír nada. 

La falta de flexibilidad, la obstinación, la negación son ruedas elementales del engranaje del duelo prolongado, purulento y difícil. A veces, renunciar a combatirlo puede dar comienzo a un nuevo escenario. En esa «desesperación creativa» de la que nos habla Wilson y Luciano, se puede dilucidar una nueva puerta más allá de las soluciones intentadas. Probablemente incómoda y escasamente atractiva, como un pasillo que conduce a un nuevo paisaje interior.     

Sexualidad

Ese abuso sexual silenciado

Aun cuando alcance la erección, la penetración -oral, vaginal o anal- y la eyaculación, un hombre puede estar siendo sometido a un abuso sexual. Aunque inconcebible para nuestros estándares sociales e invisibilizado, algunas claves nos permiten identificar cuando los hombres están siendo sometidos sexualmente a un abuso.

Que un hombre tenga una erección, penetre y eyacule no implica que no está siendo sometido a un abuso sexual. Sin embargo, concebir el abuso de este modo desafía nuestras creencias más arraigadas sobre el poder masculino y la dominación del género.

El mito de Príapo: el monstruo sexual eternamente excitado

Los hombres pueden tener una erección aun ante una ausencia total de deseo. La erección puede ser una respuesta exclusivamente fisiológica a una estimulación. Por ello, una erección no es una autorización para acceder sexualmente a un hombre. Sin embargo, culturalmente estamos más influenciados por el mito de Príapo, que iguala una erección a la fertilidad, al poder y a un deseo inagotable, que a la realidad anteriormente descrita.

Suponer que un hombre tiene, como mínimo, un deseo encubierto cuando inicia la penetración, ha sido un obstáculo para plantear el abuso sexual al que son sometidos los hombres. Aun cuando su “no” no es respetado, dado que tienen una erección, penetran y –hasta- eyaculan pareciera que ““su cuerpo”” sí desea la relación. Cómo si el cuerpo y la mente que dice “no” no estuvieran integrados. Debemos desmentir este extremo junto con la creencia de que el supuesto placer que le aporta la eyaculación transforma un abuso en una confirmación de que existía un deseo previo.

En realidad, el placer es una variable independiente de esta situación. Que una víctima de abuso sexual sienta placer, no significa que no esté siendo abusada. El placer percibido por la víctima no es un atenuante de la violencia perpetuada contra alguien. 

Entendiendo el abuso más allá de la eyaculación

El inconveniente que muchos hombres tienen es que su “hombría” no les permite decir “no”, que una erección en nuestra cultura signifique “quiero hacerlo” con independencia de lo que haya verbalizado previamente y que los hombres para ser tales “tienen que cumplir”.

Tener sexo sin desearlo puede ser una situación relativamente común para muchos hombres, al punto que terminan normalizando una situación abusiva.  

Aquí hay algunas pistas de qué alarmas, más allá de la erección, la penetración y el orgasmo, nos pueden indicar que estamos siendo abusados sexualmente. 

No hay deseo. El deseo sexual hipoactivo es esa falta de ganas, de interés por mantener una relación sexual con esa persona. El desinterés muchas veces se expresa tímidamente con un “hoy no me apetece”, pero una persona que abusa de un hombre, buscará la erección -a través de una felación, por ejemplo- mostrando indiferencia hacia las manifestaciones verbales que contradigan su intención.

No tomar la iniciativa de comenzar una interacción sexual. El mito del hombre hipersexualidado afirma que si un hombre nunca toma la iniciativa, muchas veces es por timidez o por miedo. En realidad, si él nunca inicia la relación sexual puede ser por la simple razón de que no la está buscando o no la quiere.

La insistencia es amiga del rechazo. Tratar de provocar sexualmente a un hombre con insistencia, intentando buscar la penetración puede llegar a ser muy poco respetuoso. Es más, es una forma de acoso. Mientras más insistente y sostenido sea ese acoso, más probabilidades tenemos de que estemos vulnerando la integridad de esa persona.    

Adscribirle un deseo al otro que manifiestamente carece. Mensajes como: “venga que, en realidad, te mueres de ganas”, “sé que lo disfrutas”, son formas de manipular al otro, intentando contradecirlo o confundirlo. Este tipo de reacciones pueden minar moralmente a un ser humano y hacer indistinguible la situación de acoso a la que se siente sometido.

Verbalizar exigencias sobre cómo lo está haciendo. Un “a ver si te esmeras un poco”, o “échale pasión/huevos”, pueden realmente desarmar al otro. Verse durante largo tiempo sometido a una carrera de pruebas y posturas, exigencias y reclamos a la hora del sexo, puede provocar un profundo daño psicológico.

Someter al otro a una evaluación. una vez finalizada la relación sexual, un “hoy has estado flojo” al terminar, somete la relación sexual a una evaluación que puede denigrar una situación de abuso ya de por sí insostenible. Muchas veces felicitar o recriminar al otro cómo lo ha hecho es una forma de presionarlo a que, aun cuando no tenga deseo, lo simule, alejándolo de su propia verdad.   

Utilizar el placer del orgasmo como factor que desmiente el abuso. “Al final te ha gustado, ¿eh?”. Alcanzar el orgasmo no justifica haber iniciado una relación sin contar con el otro. No importa cuánto placer haya obtenido. 

El “no es no” es un reclamo válido con independencia del género. España es un país en el que la violencia doméstica es aquella que sólo se concibe cuando proviene de un hombre hacia una mujer y el maltrato exige que la pareja conviva bajo un mismo techo. Sin embargo, hay un abuso sexual silenciado en nuestras parejas, en los medios y en nuestras leyes. Incontables hombres son abusados sexualmente sin ser capaces ni siquiera de darse cuenta de ello.

Sus parejas, sean hombres o mujeres, abusan buscando la erección, la penetración -oral, vaginal y/o anal- y el orgasmo de sus víctimas. Sometiendo impunemente a un hombre a ese otro abuso sexual tan silenciado que pareciera ni existir siquiera.

Familia

“El nuevo amigo de mi hija tiene esquizofrenia”

«Hoy mi hija me comentó que su nuevo mejor amigo está siendo muy controlado por sus padres. No le dejan salir solo. Indagando en el tema, me confesó que tiene esquizofrenia y se había fugado de su casa en múltiples ocasiones. ¿Qué le digo a mi hija? ¿Qué hago? ¡Estoy en shock!»

Los trastornos mentales forman parte de la realidad del estado de salud de una población, son parte de nuestra comunidad, están entre nosotros y, en algún momento, podemos llegar a padecerlos. Por ello, debemos dejar en claro que haber recibido un diagnóstico mental desfavorable no nos transforma en personas peligrosas para nuestra comunidad. Buena parte de los individuos que tiene un trastorno mental no representa un peligro para los otros ni para sí mismos.

“Los padres de Alberto me explicaron que tiene esquizofrenia”

Claro que teorizar sobre los peligros no es igual a exponerse a ellos y, cuando quienes se exponen son nuestros hijos, se pueden encender todas las alarmas y la percepción de la situación cambia.

Naturalmente el desconocimiento de lo que le ocurre al “nuevo amigo/a” de nuestra/o hija/o nos hace temer por su integridad y su seguridad.

No es una situación fácil, porque si sólo sabemos de este trastorno por lo que nuestra/o hija/o nos cuenta, comunicarse directamente con los padres e interpelarlos sobre la salud mental de sus hijos puede considerarse un acto muy hostil. Por otro lado, prohibirle a nuestros hijos ir con algunas personas, además de ser una opción respetable, puede que no sirva de mucho. O, aún peor, puede incentivarle a buscar esa compañía con más insistencia, especialmente cuando nuestra/o hija/o haya hecho esa elección y sea adolescente.

¿Qué hacer con nuestro miedos?

Comprender es que si el peligro es que nuestra/o hija/o padezca un daño emocional, físico o psicológico por parte de terceros, esa posibilidad existe y puede provenir de una persona que tenga un trastorno o que no lo tenga. Y no necesariamente es más probable que ocurra en manos de una persona que lo padece. Buscar información sobre el trastorno por nuestra cuenta, especialmente cuando la información proviene de fuentes de calidad, puede mitigar nuestros miedos.

Los roles adquiridos

Habitualmente, cuando hablamos de adolescentes, nos referimos a personas que tienen una cierta solvencia en su capacidad de elección. Si lo que nos preocupa es que nuestra/o hija/o haya escogido a esa persona como amigo/a, acompañante o compañera/o, es importante entender que elegir a una persona con un problema de salud mental no implica padecerlo o tener un problema. Una persona muy sana y feliz puede escoger como amigo a alguien que no lo sea.

Más que velar por el comportamiento de la persona que padece un trastorno, es más significativo el comportamiento de nuestra/o hija/o. Sobre todo, conocer el rol que asume en esa relación. Muchas veces los adolescentes interpretan distintos papeles mediante los cuales exploran y experimentan lo que es la salud mental y la enfermedad. Pueden escoger tener un rol de enfermero, de canguro, de consejero o de hermana/o mayor para con el otro.

Lo trascendente es que nuestra/o hija/o no está adquiriendo el rol de esa persona, sino que interpreta otro distinto, uno que la/o complementa quizás. Esa complementariedad generalmente corre en dos vías, mi hija/o está complementando a esa persona y esa persona también está aportando algo válido a mi hija/o.

Situaciones de igualdad y superación

La situación no sólo aporta un conocimiento sobre lo que se puede hacer por el otro, sino sobre las limitaciones que se encuentran al intentarlo en condiciones de igualdad. También ellos pueden encontrar en una persona con un trastorno mental todos aquellos puntos en común que hacen del otro un semejante más allá de su problemática, y aprender la valiosa lección de que todos somos mucho más que un diagnóstico.

Requiere valentía pero puede ser conveniente no aislar a nuestros hijos del amplio abanico de situaciones que tenemos en salud mental, porque nuestros hijos van a insertarse en un mundo donde existe la esquizofrenia, la depresión, los trastornos de ansiedad y de alimentación… El desconocimiento absoluto experimental y testimonial de estas problemáticas no le va a aportar nada, más bien le impedirá desarrollar herramientas que pueden llegar a ser útiles y necesarias para su propia vida.

Que nuestros hijos hayan escogido una persona con un trastorno plantea un reto pero, cuando no representa un peligro para ellos, puede ser una oportunidad de crecimiento.

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