Autor: Manu Soneyra

Mente

Cuestionario de personalidad: más cerca del zodíaco que nunca

Las simplificaciones de la naturaleza y la diversidad humana nos suelen resultar enormemente atractivas. Un ejemplo de ello es cómo toda la variabilidad existente cabe en doce signos zodíacos. En psicología, los modelos de la personalidad han cumplido la misma función y recibido muchísima atención por parte de la clínica.  

Analizaremos el modelo trifactorial de la personalidad conocido como modelo PEN por las siglas de cada uno de las dimensiones que lo componen: Psicoticismo, Extraversión y Neuroticismo. Hans Eysenck (1916-1997) ha formulado un modelo descriptivo y explicativo de la personalidad que permite percibirla como una estructura jerárquica, dado que algunos rasgos pueden pesar sobre otros.  

Eysenck considera a cada dimensión dentro de un continuo, así, la extraversión y la introversión se caracterizan por la preferencia o no de la estimulación que procede de otras personas. Una inclinación a la “estimulación social”, que se traduce en dos factores: la sociabilidad -orientación a la gente- y la impulsividad -orientación a la acción-.  

Las otras dimensiones del modelo trifactorial o PEN de la personalidad son el neuroticismo y psicoticismo. El neuroticismo se refiere a la reactividad emocional a los estímulos, negativa e intensa. El psicoticismo, en cambio, hace referencia a la sensibilidad emocional y la compasión.  

Fallos del modelo 

Eysenck explicó la estructura de la personalidad relacionando biología y temperamento. El modelo PEN representa un modelo estrella de la teorización descontextualizada. Si seguimos las caracterizaciones de Domingo Curto (2009) podremos descubrir, en primer lugar, que el modelo ignora en buena medida el razonamiento del sujeto. Se limita a describir su comportamiento potencial a través de un punto de vista normativo del mismo.  

Evitemos creer que la personalidad existe “en el vacío”

Sus planteamientos sostienen que la personalidad es estable, por lo que tienden al innatismo y a responsabilizar al sujeto por su comportamiento independientemente de la situación. Este enfoque es funcionalmente internalista. Las dinámicas no son interpsíquicas, sencillamente porque el otro no es tenido en cuenta en la ecuación. Tal es el fuerte sesgo individualista que omite toda lógica de la acción colectiva.

Cuestionario de personalidad según el modelo PEN

En el análisis de la personalidad, el cuestionario de personalidad EPQ diseñado por Eysenck como recurso evaluativo eficaz, es acorde con el modelo PEN y responde a un canon positivista del conocimiento. Las medidas experimentales prescinden de cualquier entorno ecológicamente válido para centrarse en una condiciones materiales, formales y ambientales de laboratorio. En lugar de considerar al laboratorio como un ambiente fuertemente inhibitorio, se lo contextualiza como un entorno aséptico, neutro y científicamente controlado.  El cartesianismo, implícito en el modelo PEN y en el cuestionario EPQ, hace alarde de un racionalismo, internalista e individualista, que ralla lo obsceno. Todas las respuestas son verbales y ninguna exige vincularse a otro ser humano.  

De la personalidad al ser social y contextualizado 

De mantener el modelo PEN, es necesario analizar, entre la respuesta y los tipos de personalidad, el peso de los factores del contexto que son pertinentes en la modulación del comportamiento y del pensamiento. Evitando creer que la personalidad existe “en el vacío”.  

Toda simplificación en psicología representa un empobrecimiento peligroso. Estudiar la personalidad en función del entorno debe ser el primer paso para abordarla. Buscar respuestas comunes y diferentes de la personalidad ante la lógica contextual. Ello implica cuestionar el modelo y rechazar la ingente cantidad de investigación psicométrica realizada hasta ahora bajo los criterios PEN.

Retornar a los test cualitativos e interpretativos de la conducta, evitando los tests cuantitativos -como el cuestionario EPQ para analizar la personalidad-, arriesgando la validez interna en pro de la validez ecológica del constructo. Rescatando el concepto de “ser social” para evaluar la personalidad como respuesta interaccional más que como estructura individual y estable, vinculándola estrechamente a su entorno y tiempo. 

Adicciones

Adictos al sexo

¿Existe la adicción al sexo? ¿Qué indicadores señalan que la búsqueda de placer sexual se ha vuelto un problema?

En los momentos de mayor angustia, depresión, ansiedad o monotonía, no es extraño que el sexo se presente como el único recurso capaz de introducir placer en la cotidianidad.

El retorno a la búsqueda del placer sexual puede plasmarse en actividades como masturbaciones compulsivas, cibersexo, sexo anónimo o largas sesiones de sexo grupal.  

Algunos profesionales vinculan la «promiscuidad» sexual y el pensamiento hipersexualizado con la «adicción al sexo». Un diagnóstico que muchas veces evidencia una falta de rigor científico y que es producto de una evaluación moral, no psicológica. 

Los indicios de que estamos ante evaluaciones que poco tienen que ver con la psicología los encontramos en su misma terminología: comportamientos «promiscuos», pensamientos «guarros», «vicios» inconfesables, «obsesos sexuales» y un largo etcétera.

Pero ¿cuántas parejas sexuales son necesarias para poder ser considerado «promiscuo»? ¿Cuántas veces necesitamos pensar en sexo para considerarnos «obsesos sexuales»?  

Midiendo el riesgo, la frecuencia y la intensidad sexual

La «adicción» al sexo no es cuestión de números. Introducir un análisis objetivo de frecuencia e intensidad sexual es adentrarse en un terreno pantanoso. En primer lugar, porque estas evaluaciones se realizan sobre anotaciones subjetivas dependientes del propio sujeto. Pero, sobre todo, porque evaluar estas mediciones en el marco de la psicoterapia nos posiciona peligrosamente en el rol nefasto, inadecuado y contraproducente de juez moral.

Tampoco se trata de evaluar las «conductas de riesgo». Toda interacción sexual es, en algún punto, «sexo de riesgo». El listado de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) es extenso y ni con la mejor medida de prevención llegamos al riesgo cero. Por lo tanto, tampoco podemos introducir valores estadísticos para advertir la cantidad de riesgo que implican las prácticas del usuario. La casuística nos indica que algunos usuarios pueden haber tenido prácticas sexuales de «alto riesgo» y no haber padecido ITS, mientras otros las han padecido realizando prácticas de «bajo riesgo». El «sexo seguro» no es sexo de riesgo cero.

Por ello nuca podemos culpabilizar a un usuario infectado ni vincular su comportamiento a las consecuencias negativas del sexo, toda interacción sexual nos expone potencialmente a una ITS.  

Centralidad del sexo y escaso control de impulsos

Aquello que profesionales y usuarios llaman “adicción al sexo” en realidad se relaciona con un pobre control de impulsos y la centralidad que el sexo tiene en la vida de esa persona. A mayor centralidad, menor capacidad de disfrute en otras áreas de la vida. Ello limita las posibilidades y las iniciativas y reduce las fuentes de placer.

En un caso extremo, cuando el sexo resulta el único resguardo del placer, el sujeto puede evidenciar desinterés e indiferencia hacia toda aquella actividad no sexual. Así, los encuentros sociales en los que se anticipa que no habrá sexo, quedan denostados y la centralidad del sexo acaba interfiriendo negativamente en la vida del sujeto.

El otro ítem a considerar es el control de impulsos. El análisis no debe limitarse únicamente a la actividad sexual, sino que debemos incluir los períodos de búsqueda activa y el malestar provocado por la ausencia de sexo.  

La interacción sexual puede producirse de manera reiterada en un breve período de tiempo generando situaciones confusas, caóticas e imprevistas.

La búsqueda de sexo puede ser descontrolada y compulsiva, de ahí su vinculación con el control de impulsos. Este tipo de búsqueda consume los recursos y limita la libertad que esa persona tiene de elegir alternativas diferentes.  

La búsqueda también puede reorganizar el tiempo libre alrededor del sexo y producir ansiedad y sensaciones de vacío. De acabar en una tentativa infructuosa, la sensación de frustración y excitación puede desestabilizar emocionalmente al sujeto e incidir negativamente en su comportamiento con el entorno. Mientras que el malestar emocional generado por la ausencia de sexo, puede provocar episodios de irritabilidad, apatía y tristeza.

Satisfacción y saciedad

Un último elemento a analizar es el nivel de satisfacción y saciedad alcanzado después de una relación sexual. Si, al concluir la interacción sexual, el orgasmo brinda un nivel de sólido de satisfacción y saciedad durante un período de tiempo considerable, entonces la búsqueda de sexo se detiene. De lo contrario, la insatisfacción supondrá una interferencia grave que reanudará la búsqueda de placer. En esos casos, también debemos investigar el consumo de sustancias que permite ese desempeño sexual.

Cuando la búsqueda de placer sexual acarrea principalmente insatisfacción postcoital o anorgasmia, entonces estamos ante una situación ante la que vale la pena pedir ayuda. Antes de aceptar o brindar etiquetas diagnósticas -como «adicción al sexo» -, asegurémonos de conocer en profundidad el sentir, actuar y pensar que motivan la búsqueda de sexo, así como la realidad en la que se encuentra el usuario.

Mente

TCLV: Trastorno Cognitivo Leve asociado al VIH

La comunidad seropositiva se enfrenta al Trastorno Cognitivo Leve asociado al Virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH). Sin embargo, muchos profesionales de salud mental desconocen y, por ende, ignoran la existencia del TCLV

DVIH

Los distintos estadios de la demencia asociada a infección por virus de inmunodeficiencia humana (DVIH) permiten establecer su clasificación utilizando criterios y características específicas.

La DVIH no puede ser diagnosticada únicamente mediante exámenes radiográficos y de laboratorio, pero dichos estudios nos permiten descartar diagnósticos alternativos. Por ejemplo, las técnicas de neuroimagen y estudios hematológicos permiten descartar posibles alteraciones hepáticas, hormonales, patologías estructurales del SNC, déficits vitamínicos y variables linfocitarias.

La recolección del líquido cefalorraquídeo.(LCR) vía punción lumbar nos permite detectar infecciones del SNC y descartar posibles etiologías diversas.

Por ello, el diseño evaluativo requiere de un equipo interdisciplinar con capacidad de ofrecer los medios profesionales, técnicos y materiales suficientes. De este modo podemos adaptar el proceso a los resultados y necesidades indagatorias que vayan surgiendo.

La evaluación incluye herramientas de screening inciales, tests psicológicos propiamente dichos, pruebas de neuroimagen y un examen de biomarcadores a través del LCR.

TCLV: Trastorno Cognitivo Leve asociado al VIH

El Trastorno cognitivo leve asociado a VIH (TCLV), se encuadra dentro de las formas de demencia asociada a infección por virus de inmunodeficiencia humana (DVIH).

El TCLV puede desarrollarse aún bajo tratamiento antirretroviral y en pacientes con una carga viral indetectable. Es independiente de los valores CD4 y CD8 rastreados en sangre.

Generalmente, el motivo principal de consulta son problemas de memoria autopercibidos: olvidos frecuentes, abandono involuntario de actividades u objetos, etc.

El deterioro del funcionamiento cognitivo compromete un mínimo de tres dominios cognitivos: memoria, destreza motora y funciones ejecutivas.

La infección crónica de VIH y los daños de etiología neuropatológica tienen una cualidad de inexorabilidad, más allá de la plasticidad neuronal.

El deterioro del funcionamiento cognitivo compromete un mínimo de tres dominios cognitivos: memoria, destreza motora y funciones ejecutivas

Los pacientes seropositivos que superan la adultez plena presentan una disminución del rendimiento típica del envejecimiento. Sin embargo, en el TCLV el deterioro tiene un ritmo mucho más voraz, aun cuando presenta variaciones.

Las afectaciones motoras incluyen una notable hipocinesia y bradicinesia. Pudiendo percibirse rasgos marcadamente inexpresivos.

Emocionalmente apáticos y desinteresados por su sexualidad estos usuarios también suelen padecer alteraciones mnemónicas que incluyen un déficit en la recuperación.

Tratamiento del TCLV

El TCLV puede desarrollarse aún bajo tratamiento antirretroviral y en pacientes con una carga viral indetectable

El enfoque del tratamiento que reposa exclusivamente en un modelo biomédico tradicional no nos aporta pistas significativas sobre las decisiones que podemos tomar como profesionales de la psicología. Evidentemente la trascendencia de la terapia farmacológica es innegable, pero debemos potenciar las variables moderadoras.

El tratamiento se divide en cuatro áreas de recuperación: atención; memoria de trabajo y aprendizaje; funcionamiento ejecutivo, motor y memoria de trabajo; y, por último, consciencia metacognitiva.

También se busca incidir en las estrategias socializadoras que puedan funcionar como estímulo cognitivo y resarcir las afectaciones emocionales. El apoyo social percibido está vinculado al disestrés emocional y está considerado como un índice de calidad de vida.

Las estrategias de afrontamiento son un factor básico de salud mental. El afrontamiento de control primario y secundario se relaciona con estrategias reguladoras emocionales, de resolución de problemas y adaptativas.

En cuanto a la calidad de vida, un alto índice de satisfacción indica bienestar en las distintas vitales, incluyendo la económica y modera el impacto que otras variables negativas pudieran tener.

Este ha sido un breve repaso de las características y tratamiento de un trastorno ampliamente ignorado por la propia comunidad científica y terapéutica, el Trastorno cognitivo leve asociado a VIH. El objetivo es darlo a conocer y promocionar su estudio.

Familia

TDAH: negocio, sobrediagnóstico y responsabilidad

¿Existe el TDAH? ¿Es producto de una patologización de las características y procesos «normales» de la infancia? ¿Es un invento que beneficia a las farmacéuticas y a la psiquiatría? Y si existe, ¿se está sobrediagnosticando?

Mencionar que un menor fue diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) puede levantar ampollas. En el 2014, una publicación de García y González, «Volviendo a la normalidad», exportaba a la habla hispana los ecos de una desconfianza inmensa: «no existen pruebas clínicas, ni de neuroimagen, ni neurofisiologicas o tests psicológicos que de forma específica sirvan para el diagnóstico» de TDAH (…) ni hay «ningún biomarcador que distinga a los niños TDAH».

Ello sumado a que, en las últimas dos décadas, el TDAH haya recibido mucha más atención, investigación y divulgación por parte del capital privado que muchísimos otros trastornos, levanta aún más suspicacias.

Otro dato trascendental lo reporta «el aumento exponencial de los casos medicados» por TDAH en comparación con otros diagnósticos. Cada vez son más.

Si consideramos estos tres indicios, ¿podríamos sostener que, a través de la invención del TDAH, la industria farmacéutica ha creado mercado, utilizando a la maquinaria de profesionales que se lucran de prescripciones, ayudas, subvenciones y privilegios?

Respuestas que no cierran el debate

La acusación ha recibido respuesta por parte de algunos investigadores que aclaran que existen varios trastornos que tampoco tienen marcadores específicos y cuya existencia, sin embargo, no es puesta en duda.

La financiación privada nacida del binomio psiquiatría-industria farmacéutica no sólo apunta a la creación de un mercado, sino que evidencia la escasa inversión pública para el estudio del TDAH.

Si bien el aumento de casos medicados es alarmante también puede señalar que, previamente a esta ola de intervenciones, los casos quedaban sin detectar ni tratar. En síntesis, no es que ahora «haya más casos», sino que disponemos de mecanismos para identificarlos.

Pero también es probable que exista un sobrediagnóstico. Ello puede deberse a que la comunidad médica clínica no es impermeable a las modas y ello forma parte de la dinámica intrínseca de la evolución del conocimiento. Hay un nacimiento, apogeo y, a veces, muerte de las clasificaciones diagnósticas.

Un ejemplo estelar de ello es la histeria, un concepto teórico y clínico de enorme complejidad que cayó en desgracia hace ya décadas. Con el tiempo ha perdido su significación clínica y psicológica, aunque hoy podría ser reemplazado por la fibromialgia.

Objetivos claros: beneficio y preservación la infancia

La comunidad profesional y de padres que vivencian este trastorno debe cuestionarse, en primer lugar, hasta qué punto están patologizando la normal evolución de niños y jóvenes. Infundir la duda es saludable y no necesariamente implica negar la existencia del TDAH, sino considerar caso por caso las implicaciones del diagnóstico y la opciones terapéuticas disponibles antes de llegar a los fármacos. Es un compromiso necesario, al igual que lo es desarrollar herramientas específicas y efectivas para evaluar este trastorno que nos impidan caer en la generalización diagnóstica.

El objetivo es evitar el dolor que la incidencia del TDAH puede causar en la vida del menor y en su entorno, pero nunca que los niños y jóvenes estén tranquilos, centrados o emocionalmente estables

Probablemente habrá muchos casos de TDAH que no merecen ser considerados tales y muchos de ellos recibirán un tratamiento farmacológico injustificado, pero eso difícilmente tenga relación con la concepción del trastorno como con la mala praxis médica. Es necesario, entonces, actuar con cautela y responsabilidad, siempre en beneficio del menor y produciendo la menor cantidad de efectos indeseables con nuestro accionar.

El objetivo es evitar el dolor que la incidencia del TDAH puede causar en la vida del menor y en su entorno, pero nunca que los niños y jóvenes estén tranquilos, centrados y emocionalmente estables. Respetemos y preservemos la infancia y la adolescencia.

Emociones

Emociones sobre la pandemia: frustración, desánimo, hartazgo

Los meses que han pasado nos «pasan factura» y nos cuesta aceptar algunas emociones relacionadas con la pandemia del COVID-19. Intentamos explorar que puede haber detrás de nuestro sentir antes de plantear alternativas.

Frustración

En la Era del individualismo y la superación personal, cuando muchos creían que “cada uno es dueño de su destino”, la imposibilidad de modificar la situación actual mediante las iniciativas personales puede representar un sismo.

Más allá de la esfera individual, la frustración también procede de ver el accionar errante de las instituciones y los políticos, constatar cómo cada error e improvisación inciden negativamente en la economía y la salud pública.

Cuando creíamos que, en caso de pandemia, las grandes organizaciones, como la OMS o la UE, marcarían las directrices a seguir, pequeñas y mezquinas fracciones de cada territorio parecen actuar en su propio interés. Así, politizan la situación y ganan rédito político con la pandemia.

«Es lo que hay», la resignación intenta acabar con la frustración y buscamos sofocar nuestra reactividad mediante la aceptación de la situación.

Desánimo

Cuando una mala situación se perpetúa en el tiempo y no tiende a mejorar, concebir los efectos negativos como irremediables e inexorables, desactiva las iniciativas de cambio.

Aún sin llegar a esos extremos, la tristeza, la apatía, y la falta de esperanza, también nos insta a la inacción. Bajo la creencia de que «no vale la pena intentar cambiar algo que no depende de nosotros», acostarnos a ver la pandemia pasar, parece lo más lógico.

Sin embargo, la forma en la que concebimos esta realidad, sí que podemos moldearla. Podemos ponerle coto y límites al desánimo. La tristeza tiende a reproducirse en cada pensamiento y hasta en cada canción que escogemos. El primer paso es frenar su avance y reproducción; el segundo, contrarrestarla creando momentos de sentirnos bien.

Hartazgo

Luego de más de medio año, la travesía de sobrevivir a la crisis del COVID-19 se está haciendo muy larga.

La realidad de los titulares, su contabilidad de casos nuevos detectados, muertos y zonas de riesgo, acaba resultando hartante.

Estamos saturados de información, tanto que muchas veces preferimos prescindir de ella.

En el peor de los casos, el hartazgo ha dado lugar al rechazo. Mucha gente no quiere tomar medidas contra el COVID-19 o las toma a regañadientes. Llevan una mascarilla desgastada y mugrienta o la utilizan de brazalete. Explotan ante cada nueva medida o, sencillamente, se niegan a dedicarle un segundo a hablar del tema.

Los meses enteros en los que diariamente nos empapábamos de titulares han dado lugar a esta sensación de hastío y indiferencia. «Si, total, da igual». La sobreexposición es la madre de esta actitud defensiva que esconde el riesgo de acabar en un desapego total hacia el entorno.

Listado de antídotos (que no son tales)

Seis alternativas, bocanadas de aire, para de contrarrestar la frustración, el desánimo y el hartazgo.

  1. Limita el acceso a la información pero, sobre todo, estudia tu modo de reaccionar ante ella. Las conclusiones que saques son relevantes porque pueden aumentar tu sensación de frustración, desánimo y hartazgo y desaprovechar posibilidades. Para quienes ven estas actitudes en los otros como un atentado contra la salud pública, un poco de comprensión y empatía puede mejorar la imagen que tenemos de ellos.
  2. Acepta estas emociones «solo por hoy». Deja que estas emociones vengan sin ofrecer resistencia. Permite que te suceda. Procura entenderlas como consecuencias lógicas de un proceso emocional y cognitivo. La aceptación no implica que no debas emprender acciones para invertir la tendencia.
  3. Un día a la vez. Vive el domingo sin pensar en el lunes. Hoy pudo ser un día donde estas tres emociones dominaran tu día, mañana puede ser un poco mejor. Día a día, hora a hora, momento a momento. Ello te permitirá valorar positivamente los momentos mejores y celebrarlos.
  4. Busca pequeños placeres. Una cena deliciosa, dos canciones que te hacían bailar, una película divertida. Procura romper con la dictadura del «todo va mal», para construir un momento en el día en el cual mimarte. Aún en esta situación, hay cosas que te gustan. Explóralas diariamente.
  5. Evita la inactividad y el aislamiento. Activar tu cuerpo y contactar con otros, son dos acciones que pueden requerir iniciativa y, sin embargo, ser gratificantes. A nivel orgánico el ejercicio moderado puede ayudarte emocionalmente. Mientras que compartir con gente que significa mucho en tu vida, puede darle otro sentido a tu día.
  6. Plantéate metas realistas y cercanas que dependan de ti. Pequeños proyectos posibles que estén en tus manos. Ello puede reinstaurar la sensación de dominio y confort sobre tu vida.

Tal como hemos comentado en el anterior artículo, es crucial despatologizar tus reacciones como una manera de proporcionar más calma, serenidad y comprensión a tu vivencia actual.

Cuerpo

Higiene del sueño

Un buen día dices «basta» y te das cuenta que los encantos de la noche ya no son tales. Quieres cambiar tus hábitos y plantarle cara al insomnio. Reconocer que «no puedes seguir así» es el comienzo del cambio. Y la fuerza con la que digas «a partir de hoy, duermo de noche» será el combustible que alimente tu motivación.

A partir de esas ganas, estas son las claves generales que un plan de higiene del sueño debe considerar:

Ritual de la hora de acostarse. Comunícate con tu cuerpo a través del entorno, enciende unas pocas luces bajas y suaves que únicamente utilices cuando sea la hora de dormir. Apaga la música y deja que el mayor silencio y tranquilidad posible antecedan a tu descanso. Despeja la cama. Crea el ambiente necesario para que tu cuerpo entienda que debe relajarse y dormir.

Escoge tu hora de dormir. Procura irte a dormir siempre a la misma hora cada día. Especialmente durante el primer mes. Inclusive los días de fiesta y fines de semana. Comprométete con una rutina de higiene de sueño sin excepciones.

No móvil, no internet, no TV. Desconéctate del mundo externo unos 45 minutos antes de tu hora de acostarte. Ni «en silencio» ni «modo avión». Apaga y desconecta todo lo que pueda estimularte y espabilarte.

No practiques actividad física -ni siquiera yoga- de noche. Procura que las horas previas a irte a dormir no sean las de mayor actividad, sino que gradualmente aquieta el cuerpo a partir de la caída del sol. Ten en cuenta que hacer mucho ejercicio durante el día, más que garantizar un buen sueño, plantea un desafío a la hora de bajar el nivel de actividad. Los ejercicios de relajación nocturnos pueden tener un efecto paradójico y activarte cuando intentes conciliar el sueño.

No temas buscar un apoyo farmacológico al inicio. Nuestras expectativas de llegar a dormir sin ayudas, únicamente mediante productos “naturales” nos pueden cerrar una puerta inicialmente importante: la posibilidad de regular el sueño durante una semana o cinco días mediante benzodiazepinas. Si necesitas tomar Lorazepam inicialmente durante una semana, date el permiso de hacerlo. No acabarás en la adicción por una terapia farmacológica de cinco días.

No reprimas tus pensamientos. Cuando el pensamiento es el caballo más indomable del insomnio, una buena opción es ceder y dejarlo ser. No intentar controlarlo ni domarlo. Mientras más aceptación, menos conflicto. Puede que las preocupaciones, los miedos y las frustraciones cobren vida en el preciso instante en el que quieras desconectar, pero deja que así sea; que vengan, pasen y se sientan comprendidos.

Comer, beber o fumar. Los excitantes y las comidas pesadas o grasientas de digestión lenta, no son aliados del sueño reparador. Evita las frituras de noche, el tabaco, el alcohol y el café durante, al menos, las cuatro horas previas a irte a la cama.

Porro y paja. El consumo de cannabis para relajarse, antes de irse a dormir, puede repercutir muy negativamente en el contenido y la calidad del sueño. La actividad sexual, incluida la masturbatoria, cuando concluye en el orgasmo, puede actuar como un sedante natural pero no existen garantías de que facilite un buen sueño. Especialmente cuando la actividad sexual se prolongue en el tiempo, puede resultar negativa para alcanzar un estado de relajación a la hora señalada.

Evita las siestas y levántate a una misma hora. No se trata de ser un producto de relojería y quince minutos de haraganeo te están permitidos si dispones de ellos. Pero no duermas 12 horas de un tirón porque luego será difícil acostarse temprano al día siguiente. No se trata únicamente de regular tus ciclos de sueño sino también los de actividad.

Y, sobre todo, ten en cuenta que estas cosas toman tiempo. Las «cosas» del cuerpo no se consiguen siempre a la primera ni el cuerpo reacciona ni es lo que tú quieres que sea. Constancia y paciencia son dos buenas compañías para poder ver los logros la mañana siguiente. ¡Que descanses!

Sexualidad

Fetichista, travesti, transexual: diferencias insalvables bajo un mismo perfume

La Chica Danesa (2015) es una película excepcional que plantea el viraje psicológico de un marido, presuntamente heterosexual, a través del travestismo fetichista, el travestismo no fetichista y el transexualismo. Esas tres denominaciones no tienen más elementos en común salvo que el sujeto incorpora vestimentas o accesorios del sexo opuesto.

Utilizaremos como al film La Chica Danesa (2015) para ejemplificar hasta que punto resulta inverosímil -e inquietante a la vez-, el hecho de que la trama plantee un continuo entre las parafilias y el género con independencia del sexo.

Travestismo fetichista

Las parafilias, como el fetichismo, se desarrollan en torno a un objeto o a una parte del cuerpo que se cosifica. La libido y el deseo se desplazan al objeto porque es imprescindible para la consecución del placer. Esto es así, sobre todo, cuando el fetichismo estructura un patrón sexual con un alto grado de significación para el sujeto.

De este modo, el travestismo fetichista se relaciona con el placer obtenido a través del objeto o parte parcial del cuerpo cosificado, como un camisón, pero no guarda relación con el género o el sexo del individuo.

Sexo y género

Por sexo del sujeto, aquí, no entendemos la actividad sino la variable biológica XY o XX del individuo. Salvando la excepción del síndrome de Klinefelter y las otras anormalías cromosómicas, todos los sujetos poseemos un claro sexo biológico femenino o masculino.

Este sexo, que suele corresponderse con la apariencia física, es ordenado y confirmado socialmente, a través de los estereotipos y roles preestablecidos. De esta manera, la sociedad ordena y regula la forma de vestirse, las actividades, los juegos de los infantes, etc.

El género, en cambio, va en dirección opuesta. Es decir, fluye de la autopercepción del sujeto, de su autoconcepto hacia la sociedad receptora. Cuando en esa comunicación entre sujeto y entorno hay un «gran malestar e inadecuación» ante la sensación de «no pertenecer a un sexo biológico», entonces el género no es igual al sexo.

Disforia de género

La problematización que significaba denominar a la disforia de género como un trastorno mental sin que lo fuera

La forma en la que un sujeto se autopercibe -hombre o mujer en la mayoría de los casos- puede divergir de la suscripción que la sociedad le otorga al sujeto y generar una crisis identitaria: un hombre (sexo) se siente mujer (género) o una mujer (sexo) se siente hombre (género). En esos casos hablamos de «disforia de género». Un término no exento de controversias.

El término «disforia» no está haciendo relación a la crisis identitaria sino que enfatiza «el malestar que ocasiona la incongruencia entre identidad de género de la persona y el género asignado socialmente».

Por ello, debemos entender que lo que se problematiza clínicamente no es una crisis identitaria ni una disidencia entre sexo y género, sino el dolor emocional y psicológico que el sujeto pueda llegar a padecer.

La disforia de género, que el DSM-5 reconoce en niños, adolescentes o adultos, es una innovación terminológica respecto al DSM-IV y a la problematización que significaba denominar a la disforia de género como un trastorno mental sin que lo fuera.

El CIE-10 no evidencia esta sensibilidad a la hora de denominarlo y utiliza el término «Transexualismo para los adolescentes y adultos» y «Trastorno de identidad sexual en la infancia» para ese período vital.

Travestismo

Como su nombre lo indica, el travestismo no fetichista no es una parafilia, por ende, no guarda relación con el travestismo fetichista. Sin embargo, tampoco asistimos a la disforia de género presente en el transexualismo. Los/las travestis no «presentan un malestar profundo y persistente» con su sexo, aunque incursionen durante un período de su vida «con las ropas del sexo contrario con la intención de vivir la experiencia transitoria de pertenecer al otro sexo». En el travestismo no asistimos a «ninguna motivación por experimentar un cambio de sexo permanente» como en la transexualidad.

La naturaleza del travestismo tampoco se relaciona con un entretenimiento muy puntual o con la excitación sexual por llevar vestimentas del sexo contrario, por lo que no debe emparejarse con el travestismo fetichista ni con incursiones lúdicas y puntuales como los disfraces.

Por ello resulta sorprendente que Einar Wegener primero encarne un fetichista, luego un travesti para acabar siendo Lili Elbe y desear parir a un hijo propio. La historia pareciera que narrase un asombroso continuo sobre el fetichismo, travestismo y transexualismo aunque ponemos preguntarnos si no estamos ante una evolución poco habitual de elementos con escasos puntos en común.

Pareja

10 puntos después de una ruptura

Habíamos sobrevolado la ruptura en Mi pareja me produce rechazo, pero ahora nos adentramos en su territorio. Si has llegado hasta aquí porque estás atravesando una ruptura dolorosa, tal vez esto pueda ayudarte a meditar sobre cómo (sobre)vivir dignamente durante las semanas venideras. Enumeraremos en cuatro puntos clave a considerar en una ruptura de pareja.

1. Acéptalo. Permite que ocurra. Vive el duelo.

2. Date tiempo. El tiempo todo lo cura -o lo maquilla y cubre de olvido-. No busques hoy la solución mágica.

3. Reorganiza tus prioridades sabiamente. Una ruptura también es un retorno a ti misma/o después de estar un tiempo íntimamente vinculada/o a otra persona. Ahora lo importante vuelves a ser tú y tu vida.

4. Cultiva tu integridad personal. Social, laboral, emocionalmente, aún espiritualmente. Cuidarte y ver a tu vida como un todo, más allá de los finales, las metas y los logros. A través de momentos dolorosos y alegres, da un paso atrás y mira el amplio horizonte de lo que eres.

Y si lo necesitas, unos puntos más sobre las reacciones a la ruptura:

5. Entiende tus impulsos de remediar o repartir culpas. Es normal querer reparar lo que se rompió, pero hacen falta dos para reparar una relación. Uno es un número insuficiente. No te esfuerces en comprender el por qué. A veces el esfuerzo de comprender se relaciona con la negación. Perdónate, pon un punto final a la hora de repartir culpas.

6. Ahórrate el castigo o la venganza. No es necesario desangrarse y autodestruirse. Si quedan áreas que puedas preservar de este final, procura que sigan funcionando sanamente. Perder una pareja no significa perder el empleo, los amigos, la familia… No tiene por qué ser un tsunami que fortalezca tu capacidad autodestructiva. Procura ponerle límites a esa ira. Tampoco quieras administrar justicia. Independientemente de lo que haya ocurrido, un ruptura no tiene porque enfatizarse como un ultraje a tu honor y a tu confianza. En el juego del amor, a veces se pierde. ¿Qué es lo que hay que vengar?

7. Esquiva generalizaciones. Antes de decir: «soy un perdedor», «siempre acabo llorando», «nunca más», intenta no extender una experiencia a todas las áreas de tu existencia. Si lo vives como una pérdida, eso no te hace un perdedor. Ante un hecho puntual, sumar tragedias y encadenarlas ampliará la repercusión dramática de esta vivencia.

8. Si piensas en reemplazar al otro: «un clavo saca otro clavo». La frase tiene sentido si quieres vivir «clavada/o» a una relación. El riesgo es que instrumentalices a tus parejas como muletas para nunca andar sola/o. Una pausa también merece ser una opción a tener en cuenta.

9. Presta atención a tus defensas: del podio al infierno. Idealizar a un ser ausente es entendible, pero no facilita el «pasar página». Un antídoto para esos momentos de idolatría puede ser enumerar las cosas que no te gustaban de la otra persona y otra lista de cosas que no funcionaban bien en la relación. En el otro extremo, una defensa habitual es ver a la otra persona como un monstruo y denigrarla. Tenlo presente cuando uses ambos mecanismos defensivos.

10. Evita imposiciones, inclusive las que extraigas de este texto. Vívelo de la mejor manera posible, pero siempre siendo fiel a tus valores y sin obligarte a nada. No te impongas «aprender de esto». No procures «rentabillizar la pérdida», No todo es un examen de la vida y ni podrás aprender de cada experiencia. No te esfuerces en «sacar algo de esto». Respira.

Cuerpo

Simulando una enfermedad

Cuando la enfermedad es una simulación, lo real parece ser lo que menos importa. Al simular una enfermedad o dolencia, el otro nos comunica sus necesidades a través del engaño

A mi hija le duele mucho la barriga por las mañanas cuando hay que ir al cole. Mi compañero de trabajo está de baja desde que “le tocaron” con otro coche tiene un tirón cervical que no le permite ni siquiera beber. Mamá padece un dolor de cadera insoportable cada vez que vienen las fiestas y nos queremos ir de vacaciones sin ella. El delantero de mi equipo siente un dolor de rodilla incapacitante y apenas puede pisar el día del partido.

Nuestra realidad está llena de ejemplos de simuladores que buscan obtener un beneficio personal de una situación de enfermedad. Persiguen beneficios externos como evadir obligaciones o responsabilidades, obtener atención y privilegios, etc. Cuando no hay una ganancia externa, sino interna, entonces hablamos de trastorno facticio. En esos casos no resulta tan obvio la ganancia primaria que sucede del malestar.

Es una escasez en la capacidad de negociación y/o comunicación de las necesidades, antes que una afrenta

Algunas aves arrastran las alas fingiendo estar gravemente heridas para alejar a los depredadores del nido. Aún cuando pueda considerarse un válido mecanismo de supervivencia, la simulación representa un engaño. Por ello, para que un psicólogo pueda descubrirla, se ha de analizar el contexto en el que se está dando la supuesta dolencia o patología, prestando especial atención a la repercusión que tendría en la vida del sujeto la confirmación del diagnóstico. Es decir, a la ganancia.

La otra clave es de naturaleza médica, pues hemos de observar las diferencias entre el relato que hace el enfermo y la sintomatología evidenciada. Cuando los síntomas proceden de un listado de internet, la interpretación es tan perfecta que contrasta con la falta de evidencias físicas.

Claro que no todo el mundo es buen actor ni hace los deberes. En los medios de comunicación muchas veces hemos oído y visto casos en los que los simuladores utilizan muletas únicamente para ir a la revisión médica. Esa es evidentemente la última pista: evidentemente la cooperación y el seguimiento que hacen del tratamiento y las pautas de rehabilitación es inconstante y, en muchos casos, nula.

Sin lugar a dudas ser testigos de una simulación incentiva nuestra reactividad. Es probable que reaccionemos ante la injusticia que supone un engaño, sobre todo cuando somos el objetivo del mismo. Nuestra reacción natural y esperable es desvelar el mismo y acabar con la farsa.

Sin embargo, debemos ver a la simulación como un mecanismo producido por un aparato psicológico que no consigue emitir una respuesta más acorde o elaborada para obtener sus fines. Es una escasez en la capacidad de negociación y/o comunicación de las necesidades, antes que una afrenta. El cuerpo también sirve para comunicar aquello que no es posible decir en palabras. En última instancia, en estos casos, podemos llegar a la conclusión de que engañar deja de ser deshonesto cuando no se engaña a nadie.

Adicciones

Claves de la rehabilitación

Previamente a este artículo hemos distinguido al modelo de reducción de riesgos de los otros modelos teóricos de la adicción. Ahora es el momento de concretar seis claves que nos permitirán meditar sobre los componentes de tu rehabilitación. Atamos alforjas para un viaje interno. ¿Estás a punto?

Un tratamiento para cada estadio

No todas las personas que padecen una adicción están en condiciones de iniciar el viaje a la rehabilitación. Por eso existen distintos tipos de tratamientos para los distintos posicionamientos frente a la sustancia. Cualquier intento de presionarte a un estadio de rehabilitación distinto del que te encuentras puede generarte una enorme resistencia. De ahí la importancia de trazar un camino conociendo tu caso en profundidad y sin forzar tus tiempos.

Reconociendo al entorno adicto del entono sano

Los consumidores crean un espacio social acorde a sus necesidades, por eso es importante mirar alrededor antes de empezar el viaje. Las caras sobrias pueden servir de apoyo y brindarte una mano. Los otros consumidores: pareja, familiares, amigos, conocidos, vendedores pueden ser factores mantenedores. Inclinar la balanza hacia el entono sobrio es una forma de desestabilizar la situación y darle oxígeno al cambio.

Motivación para el cambio

La motivación es un motor que impulsa todo el viaje, pero no es un viento constante que te acompañará incondicionalmente. Por el contrario, merece ser cuidada con mimo. Un forma de incentivarte es garantizar que cada nuevo hito recibirá su premio y celebrarlos. Estar alerta a los baches y mantener con vida tu motivación es un trabajo personal que no puede subestimarse.

Nuevos hábitos y conductas

El objetivo es tal sólo cuando lo abrazas y lo sostienes tú

Rehabilitarse implica consolidar nuevos hábitos y conductas, fortalecer una nueva forma de vivir y ser capaz de mantenerla. Aún cuando se alcanza la autosuficiencia puede sobrevenir una crisis con forma de duelo. El placer vinculado al consumo muere y tras él, muchas veces, sobreviene un sentimiento de vacío. Aprender a vivir con el vacío que sientes puede ser una experiencia vertiginosa, como caminar por primera vez, pero una nueva vida implica un nuevo equilibrio emocional que se construye momento a momento.

Volver a andar tras cada recaída

Al igual que cuando comenzamos a andar, las recaídas son parte del proceso y se dan con frecuencia. Podemos diferenciar una recaída ocasional de una mantenida, pero aun cuando sean temporalmente breves, el sentimiento de fracaso puede demorar el retorno a la rueda de cambio. Como escribía Almafuerte: “Si te postran diez veces, te levantas, otras diez, otras cien, otras quinientas… No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco por ley, han de ser tantas”.

La meta es la mayor autonomía e independencia

El objetivo es que alcances una mayor autonomía y que puedas librarte de la dependencia o la adicción, pero no puede plantearse sin considerar tu situación inicial. Es importante adaptar el viaje a tus necesidades, ritmos y capacidades. No hay más objetivos que los que diseñes, solo o con tu terapeuta. Ten en cuenta que el objetivo es tal sólo cuando lo abrazas y lo sostienes tú.

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